lunes, 1 de septiembre de 2014

Corredor Azul, día uno

Primer día del Corredor Azul de forma oficial, disfrute de su viaje gratis. No se paga pasaje en esta Marcha Blanca para probar y afinar el sistema durante el mes de setiembre.

La mañana fue caótica. Las colas hablaron por sí solas y un grupo de desadaptados transportistas de la empresa Agrupación de Transporte en Camionteas SA (ATC) que tiene cuatro rutas en Lima y un record de ocupar el tercer lugar en papeletas (1546 papeletas acumulando un monto de S/. 2'559,020 a enero del 2014) después de Orión y la triste célebre Translima se dieron el lujo de reclamar en el Rímac su derecho a las ruta (son transportistas de Custer que ahora la emprea les ha dicho que ya fue, que no hay ruta) y terminaron apedreando el parabrisas de un bus azul.

Trasportistas de ATC protestan en el Rímac (Fuente E Comercio)

Hoy el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo dispuso que los empleadores den una tolerancia de dos horas para el ingreso de los trabajadores. La mañana estuvo movida. Pero poco a poco la cosa fue tomando su nivel y a eso de las 11:00 am subí a una unidad desde Risso hasta Aramburú.

El ambiente era tenso. Es complicado para el limeño ubicarse en un paradero. No tiene ni la menor idea de como funciona eso. Esto no es el Metropolitano a pesar de responder a su modelo. La gente buscaba el paradero a pesar que siempre existieron y nunca se respetaron. No en vano, el cartel de paradero estaba allí, a pesar que siempre estuvo invisible para custer, combis y nosotros los usuarios.

Al llegar pregunté quién era el último. Me quedaron mirando. El último de la fila pregunté y una señora me dijo yo, me acomodé detrás de ella y un grupo de seis personas que hacían una pelotera esperando subir dijeron con tono de ingenuidad y cachita:"Hay que hacer cola entonces". Sus rostros cambiaron mientras hacían cola. Como si hacer las cosas en orden fuese algo tedioso, pesado, incómodo y que no generara ningún beneficio.




Y allí empezó la segunda parte. La preguntas obvias. Parecía que me encontraba con personas que nunca hubieran viajado por la avenida Arequipa, me preguntaban si este carro llevaba a Aramburú o si iba a Angamos. Debe comprender que la desinformación es un hecho real, pero era evidente, con las noticias en la tele y la radio, las gigantografías colgadas, el panel informativo, la hojita que te repartían y el orientador que el mensaje era claro: esto se detiene en los paraderos existentes de toda la vida, que no los hayamos usado nunca, eso es otra cosa.

Y a experimentar se ha dicho. Llegó el bus. Ingresé y aquí empieza la tercera parte. Una señora que deseaba bajar por la puerta delantera intenta irrumpir violentamente para bajar por la puerta de subida, el chofer la invita cortesmente a salir por la puerta detrás. Nosotros que subimos la conminamos a que de media vuelta, mientras que la orientadora se desgañita a gritos a la usanza de los pestíferos cobradores y jaladores: "La puerta de bajada es por atrás". No hay nada que hacer, hemos heredado una forma de comunicarnos única en el mundo. La señora ante la presión de quienes subimos empezó avanzar hacia la puerta posterior, maldecía los buses y esta brillante y azul idea. La gente mutis, no decía nada. Es que el limeño promedio poco habla o nunca reclama cuando quiere que un bus avance. Mutis. Finalmente bajó. Todos nos miramos, nadie dijo nada de nada. Solo un señor de setenta años con sombrerito de media ala sentenció: "el problema del transporte es la gente".

Avanzamos con rapidez, la tensión afuera era mucha, la gente estaba mírame y no me toques. Y en algunos lugares habían colas y en otros estaban bajo el orden del propio desorden. Empecé a avanzar lentamente para bajarme en Aramburú. Esperé que se detenga el bus. Se detuvo, pero faltaban escasos cuatro metros para llegar al paradero, en eso, otro síndrome afloró. La idea es muy sencilla: si un sujeto golpea el techo o la puerta de la custer u ómnibus, la puerta se abre automáticamente. Y no fue así. No iba a ser así. Un señor de unos cuarenta años, con terno, como dirían nuestra abuelas "bien decente" empezó a meterle golpe al techo mismo Bruce Lee y a pedir que abrán la puerta. Así, a la mala, con prepotencia y sin el menor respeto. Lo miré y le dije: "Al llegar al paradero se abre la puerta". Me miró, se hizo el  loco, como que con él no era y por fin llegamos. Al detenerse el ómnibus se abrió la puerta y señor decente bajo maldiciendo a la alcaldesa, su señora madre, al sistema de transporte y poco faltaba para reclamar le devuelvan sus combis mugrientas.

Lo que se viene es un largo de proceso de adaptración. Será un mes de aprendizaje. De mucho aprendizaje. La ventaja es que no costará un sol. Mientras tanto, las viejas couster y ómnibus (por la Arequipa ya no circulaban combis) saldrán de su ruta o se reestructuran las mismas hasta que les llegue su turno y se vayan por fin.

La ciudad necesita mejorar su transporte, pero ante todo, necesita que seamos tolerantes con los cambios, colaboremos con este proceso y entendamos que este proceso, a pesar de sus limitaciones, no puede ser comparado con la forma como viajábamos diaramente en nuestra ciudad.